Cosmogonía Budista: impermanencia cósmica y rechazo de un comienzo absoluto

La Cosmogonía Budista presenta un enfoque singular entre los mitos sobre el origen del universo, ya que desplaza el foco de la pregunta sobre el comienzo de todo hacia una cuestión considerada más urgente: el origen del sufrimiento y el camino para superarlo.

En lugar de buscar una primera causa o un creador absoluto, la tradición budista enfatiza la interdependencia de todos los fenómenos y la naturaleza cíclica de la existencia. Se trata de una perspectiva que desafía muchas de las ideas presentes en otras narrativas de creación.

En este artículo, exploraremos cómo el Budismo comprende la formación y la disolución de los mundos a partir del Origen Dependiente (Pratityasamutpada), una ley universal de causalidad. Veremos una visión en la que la creación no es un acontecimiento único, sino un proceso continuo, sin un comienzo absoluto y sin un dios creador.

El contexto del Budismo: el camino dorado del medio y la pragmática de la liberación

Para comprender la posición budista sobre la cosmogonía, es esencial entender el contexto de su fundación y su objetivo primordial dentro del estudio teológico de la salvación:

  • El Buda como maestro pragmático: Siddhartha Gautama (siglo V a. C.) no era un metafísico ni un cosmólogo, sino un médico espiritual. Su misión era diagnosticar la enfermedad universal del sufrimiento (Dukkha) y prescribir un remedio práctico para su curación. Las cuestiones que no contribuían a este objetivo eran consideradas carentes de propósito;
  • El rechazo de los extremos: El Buda propuso un “Camino Medio” entre la indulgencia sensorial y la automortificación virtuosa. Esta vía intermedia también se aplica al pensamiento. Especular sobre un comienzo absoluto del mundo era visto como un extremo metafísico que generaba apego a las opiniones (ditthi) y, en consecuencia, más sufrimiento;
  • Las catorce preguntas sin respuesta (Avyakata): En varios discursos (como el Cula-Malunkyovada Sutta), el Buda se niega a responder preguntas metafísicas, incluyendo si el mundo es eterno o no, si es finito o infinito, y cuál es el origen exacto del mundo. Su famosa parábola del hombre herido por una flecha ilustra este punto: un hombre no pregunta quién disparó la flecha, de qué material estaba hecha, etc., antes de permitir que se la extraigan y curen la herida. La prioridad es retirar la flecha del sufrimiento, no entregarse a especulaciones infructuosas.

El enfoque budista: el origen dependiente y los ciclos cósmicos

Aunque el Buda rechazó la cosmogonía en el sentido de un “acto de creación”, el Budismo desarrolló una visión compleja sobre la formación y disolución de los sistemas de mundos, basada en su doctrina central:

El Origen Dependiente (Pratityasamutpada): la verdadera “creación”

El principio que sustituye cualquier idea de creación divina es el Origen Dependiente. Afirma que todos los fenómenos surgen en dependencia de causas y condiciones. Nada existe de manera independiente; todo es interdependiente. Este principio se formula en doce eslabones (nidanas) que explican el origen del sufrimiento, desde la ignorancia hasta el envejecimiento y la muerte.

Aunque se aplica principalmente al sufrimiento psicológico, este principio tiene un alcance cósmico. La formación de un sistema mundial (chakravada) también está gobernada por el Origen Dependiente. No existe un creador, sino un vasto, impersonal y continuo proceso de causa y efecto, en el que las acciones (karma) de todos los seres sintientes constituyen una fuerza causal fundamental.

Cosmología cíclica sin un comienzo (Anadi)

Al igual que el Hinduismo, el Budismo considera el tiempo como cíclico y sin un punto de partida discernible (anadi). El Samsara, el ciclo de renacimiento, sufrimiento y muerte, no tiene un comienzo conocido. Innumerables sistemas de mundos surgen, permanecen y se disuelven en ciclos inmensamente vastos.

  • La disolución y re-formación de un mundo (Kalpa): Un kalpa es un eón cósmico. Tras un largo período, un mundo se disuelve. Primero por el fuego, luego por el agua y finalmente por el viento, hasta que solo queda un vacío de potencialidad. Después de otro largo período, las condiciones comienzan a reunirse nuevamente. Los seres cuyo karma los lleva a renacer en ese sistema de mundo comienzan a reaparecer allí, primero en reinos divinos y, gradualmente, el mundo físico se reforma a su alrededor de acuerdo con su karma colectivo;
  • La “creación” es impersonal y kármica: La “creación” de un nuevo sistema de mundo no es un acto de voluntad, sino un proceso natural y kármico. Es la maduración del karma colectivo de los seres la que impulsa la re-formación de los mundos. A diferencia del sacrificio de Purusha, no existe un plan ni un propósito; es un proceso emergente y condicionado.

La ausencia de un Dios creador (Ishvara)

El Budismo rechaza explícitamente la noción de un dios creador omnipotente y eterno (Ishvara). Si tal dios existiera, sostiene la tradición, todo el sufrimiento y la imperfección del mundo serían su responsabilidad directa, lo que lo convertiría en malévolo o incompetente.

Además, la idea de una entidad eterna e incondicionada es incompatible con la doctrina budista central de que todos los fenómenos son impermanentes (Anicca) y no poseen un “yo” independiente (Anatta). La propia idea de un creador es un producto de causas y condiciones: una construcción mental.

Análisis y significado: un universo de proceso y la liberación como meta

El enfoque budista sobre la “creación” es profundamente coherente con su sistema ético y su estudio teológico de la salvación:

  • Enfoque en la ética y la psicología, no en la cosmología: Al desplazar la atención del origen del cosmos al origen del sufrimiento, el Budismo lleva a cabo una revolución en el pensamiento religioso. La “creación” más importante no es la del universo, sino la creación del Noble Sendero Óctuple que conduce al Nibbana (Nirvana), es decir, un conjunto de ocho prácticas que conducen al cese del sufrimiento. La energía que podría gastarse en especulaciones cosmogónicas se redirige hacia la práctica ética y meditativa;
  • Un cosmos ético: La ley del Karma, aplicada cósmicamente, crea un universo profundamente ético. La calidad de los mundos que habitamos es un reflejo directo de la calidad de nuestras acciones, palabras y pensamientos. No existe un dios externo al que culpar o adorar; la responsabilidad de nuestro destino cósmico e individual reside en nosotros mismos;
  • La impermanencia como ley cósmica: La idea de que universos enteros surgen y se disuelven es la máxima expresión de Anicca (Impermanencia). Nada, ni siquiera las galaxias o los eones (largos períodos de tiempo cósmico), escapa a esta ley fundamental. Aferrarse a cualquier cosa dentro de este flujo, incluidas las ideas de un creador o de una creación permanente, es la raíz misma del sufrimiento;
  • Contraste con el Hinduismo: Mientras que la Cosmogonía Hindú busca la unidad con una realidad cósmica última (Brahman), el Budismo busca el cese de todo el proceso de originación dependiente que constituye el Samsara. El objetivo no es fusionarse con un creador, sino extinguir las llamas del deseo que alimentan el ciclo de renacimientos y, por lo tanto, la continua “creación” del sufrimiento.

Conclusión

La Cosmogonía Budista, o más precisamente, la “No-cosmogonía budista”, nos presenta un universo de puro proceso, desprovisto de un arquitecto divino, de un propósito último o de un comienzo absoluto. Es un cosmos vasto, impersonal y cíclico, gobernado por las leyes infalibles del Karma y del Origen Dependiente, donde la única teleología es la creada por la propia aspiración humana y no humana hacia la liberación.

Al negarse a responder la pregunta “¿De dónde venimos?”, el Buda no estaba siendo evasivo; estaba señalando la única respuesta que realmente importa: “¿Hacia dónde podemos ir y cómo podemos llegar allí, libres del sufrimiento?”

Esta perspectiva pragmática y profundamente filosófica ofrece un contrapunto singular entre las diferentes explicaciones sobre el origen y el funcionamiento del universo.

Para quienes desean profundizar en este recorrido, la Cosmogonía Jainista también presenta una visión fascinante de la realidad, marcada por ciclos cósmicos y una estructura del cosmos extraordinariamente elaborada.

Que la luz del amor sea la guía en todos los caminos, en todo momento, en todas las situaciones, con todas las personas. ¡Y que el Amor nos lleve a la Paz!


Referencias bibliográficas

1. RAHULA, Walpola. What the Buddha Taught. Grove Press, 1974.

Presentación clara y concisa de las enseñanzas fundamentales del Budismo, incluyendo un capítulo crucial sobre la actitud del Buda frente a cuestiones metafísicas como el origen del mundo.

2. BODHI, Bhikkhu (Trad. e Ed.). The Connected Discourses of the Buddha (Samyutta Nikaya). Wisdom Publications, 2000.

Traducción autorizada de uno de los principales cánones budistas, que contiene los suttas en los que el Buda discute las preguntas sin respuesta (Avyakata) y el funcionamiento del Origen Dependiente.

3. KALUPAHANA, David J. A History of Buddhist Philosophy: Continuities and Discontinuities. University of Hawaii Press, 1992.

Rastrea el desarrollo del pensamiento budista, explicando cómo las diferentes escuelas filosóficas abordaron (o evitaron) las cuestiones cosmológicas.

4. SADAKATA, Akira. Buddhist Cosmology: Philosophy and Origins. Kosei Publishing, 1997.

Estudio dedicado específicamente a los elaborados modelos cosmológicos que se desarrollaron dentro del Budismo, particularmente en la tradición Abhidharma, mostrando cómo el Origen Dependiente fue aplicado a escala universal.

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