La jornada humana para descifrar el origen del cosmos se despliega en dos grandes narrativas: la Cosmogonía, que, a través de mitos y símbolos, explora el significado profundo de la existencia, y la Cosmogénesis, que, a través de la observación y la razón, investiga los procesos físicos del universo.
Hoy, vamos a explorar la Cosmogonía Maya, principalmente a través de su obra maestra literaria y teológica, el Popol Vuh (“Libro de la Comunidad” o “Libro del Consejo”). Vamos a acompañar a los dioses creadores, Huracán (“Corazón del Cielo”) y otros, en sus esfuerzos secuenciales para poblar el mundo, desde los animales hasta las estatuas de madera, culminando en la exitosa creación de la humanidad a partir del maíz.
Veremos cómo esa narrativa está profundamente entrelazada con el heroico mito de los Gemelos Héroes, Hunahpú e Ixbalanqué, y su victoria sobre los señores del inframundo, Xibalbá.
Prepárate para una historia donde la creación es un diálogo entre lo divino y lo humano, donde el conocimiento – especialmente de la astronomía y del calendario – es sagrado, y donde la humanidad encuentra su identidad y propósito en la relación simbiótica con los deuses y con el maíz.
El contexto Maya: tiempo cíclico, calendarios y el Popol Vuh
Para entender la Cosmogonía Maya, es esencial apreciar su relación única con el tiempo y la fuente primaria de nuestro conocimiento.
El Popol Vuh como texto fundacional
El Popol Vuh es el más importante texto mitológico maya que sobrevivió, preservado por miembros de la nobleza Quiché, un grupo maya en el periodo colonial. Narra la creación del mundo, las aventuras de los dioses gemelos y el origen del pueblo Quiché. Este texto es nuestra ventana principal hacia la cosmovisión maya clásica.
La obsesión por el tiempo y los calendarios
Los mayas eran astrónomos y matemáticos eximios. Desarrollaron una visión del tiempo como algo cíclico y cargado de significado religioso. Sus complejos calendarios, como el Tzolk’in (de 260 días) y el Haab (de 365 dias), no eran solo herramientas prácticas, sino mapas de influencias divinas. La creación era vista como un evento que se desarrollaba dentro de estas estructuras temporales sagradas.
Una religión de deidades de la naturaleza
El panteón maya era vasto y complejo, con dioses frecuentemente asociados a fenómenos naturales (sol, lluvia, maíz) y a aspectos del calendario. A diferencia de la visión azteca, el sacrificio de sangre, aunque se practicaba, no era el único combustible cósmico; la adoración, la oración y el mantenimiento del orden cósmico a través del calendario eran igualmente vitales.
La narrativa de la creación en el Popol Vuh: intentos, fallas y el éxito final
Cada cultura intenta explicar el origen del universo de una forma. La Cosmogonía Maorí, por ejemplo, es una narrativa profundamente genealógica y estructurante que va desde el Vacío Primordial hasta la llegada de las grandes canoas migratorias en Aotearoa; mientras que la Cosmogonía Sumeria presenta la visión de un universo nacido de un océano cósmico, estructurado por la separación del cielo y de la tierra.
La creación en el Popol Vuh de la Cosmogonía Maya es un proceso deliberado, pero marcado por una búsqueda de la forma ideal.
El estado primordial y la primera palabra
En el principio, existía solo un mar calmo y un cielo vacío. La tierra estaba sumergida, envuelta en oscuridad. Los dioses creadores, incluyendo a Huracán (Corazón del Cielo), estaban presentes en las aguas, envueltos en plumas verdes y azules.
La creación comienza con un acto de intención y palabra: “¡Que haya vacío! ¡Que haya plenitud! ¡Que el agua se retire y libere la tierra! ¡Que la claridad llegue al amanecer en el cielo y en la tierra!”
Las tres tentativas de crear a la humanidad
Los dioses deseaban seres que pudieran adorarlos, sustentarlos e invocar sus nombres. Su jornada creativa tuvo tres fases principales:
- Los animales: la primera tentativa fue la creación de los animales. Sin embargo, eran incapaces de hablar y solo gritaban, gorjeaban y rugían. Incapaces de invocar los nombres de los dioses, fueron condenados a ser comidos y sacrificados. Esta tentativa falló.
- El hombre de barro: en la segunda tentativa, los dioses moldearon seres a partir del barro. Podían hablar, pero no tenían inteligencia ni memoria. Su carne era blanda y se desintegró en el agua. No podían moverse bien y no entendían a sus creadores. Esta tentativa también falló.
- El hombre de madera: en la tercera tentativa, los dioses crearon seres esculpidos en madera. Podían hablar, poblar la tierra y usar herramientas, pero no tenían corazón, alma ni gratitud. No se acordaban de Huracán (Corazón del Cielo) y no lo adoraban. Como castigo, los dioses enviaron un gran diluvio y una lluvia de resina caliente del cielo. Sus propios utensilios y los animales se volvieron contra ellos. Se cuenta que los sobrevivientes se convirtieron en monos, explicando así su semejanza con los humanos.

La creación exitosa: el hombre de maíz
Tras el fracaso con la madera, los dioses decidieron usar un material noble y sagrado: el maíz.
Primero, cuatro animales – un coatí, un coyote, un loro y un cuervo – encuentran una montaña llena de maíz amarillo y blanco, que se convirtió en la materia prima de la vida. Los dioses molieron el maíz amarillo y blanco y, con la masa, moldearon cuatro cuerpos. Estos se convirtieron en los primeros cuatro hombres: B’alam Quitzé, B’alam Ak’ab, Mahucutah e Iqui B’alam.
Esta vez, la creación fue un éxito. Estos hombres eran sabios, tenían una visión clara y podían entender el vasto universo. Podían ver y conocer todo, desde las montañas hasta los valles, y agradecían a los dioses por su existencia. Sin embargo, su visión era tan perfecta que amenazaba con igualarlos a los propios deuses.
Preocupados, Huracán (Corazón del Cielo) y los otros creadores soplaron una niebla sobre los ojos de los primeros hombres, limitando su visión a lo que estaba cerca. De esa forma, el conocimiento perfecto fue sustituido por la sabiduría y por la capacidad de procrear, dando origen a los cuatro linajes principales del pueblo Maya Quiché.
La creación de las mujeres
Mientras los primeros hombres dormían, los dioses les dieron esposas. Estas mujeres fueron creadas de forma igualmente divina y, al despertar, los corazones de los hombres se llenaron de alegría al verlas. Juntos, poblaron la tierra y dieron inicio a los linajes humanos.
Análisis y significado: diálogo, maíz y el orden cósmico
La Cosmogonía Maya revela una visión del mundo rica en simbolismos e implicaciones filosóficas.
La creación como un diálogo
La relación entre deuses y humanos es dialógica. Los dioses buscan criaturas que puedan “hablar sus nombres”, es decir, establecer una relación de adoración y reconocimiento mutuo. La humanidad no es un accidente, sino el resultado de un proyecto divino que busca compañeros conscientes en el cosmos.
El maíz como sustancia de la vida
El maíz no era solo un alimento básico; era la propia esencia de la vida humana. La identidad maya estaba literalmente fundada en el maíz. Esto creaba una relación de profunda reverencia e interdependencia con la tierra y con el ciclo agrícola, que era, a su vez, un reflejo del orden cósmico.

El conocimiento y sus límites
El mito explora la naturaleza del conocimiento. La visión perfecta de los primeros hombres de maíz los hacía casi divinos, pero eso era insostenible. La condición humana verdadera, según el mito, reside en una sabiduría adquirida, no en un conocimiento innato y total. La búsqueda del conocimiento (especialmente de la astronomía y del calendario) era, por lo tanto, un esfuerzo espiritual para acercarse nuevamente a la visión divina.
El heroísmo como parte de la creación
La narrativa de los Gemelos Héroes, Hunahpú e Ixbalanqué, que precede a la creación del hombre de maíz en el Popol Vuh, es fundamental. Ellos derrotan a los arrogantes señores de Xibalbá (el inframundo) y preparan el camino para la creación de la humanidad. Esto muestra que el orden cósmico actual fue conquistado a través del heroísmo y de la inteligencia, no solo concedido.
Contraste con la Cosmogonía Azteca
Mientras que la Cosmogonía Azteca está centrada en el sacrificio como combustible para evitar la destrucción, la Maya está centrada en la creación de una humanidad consciente y gratificante para los dioses. El sacrificio existe, pero el foco está en el diálogo y en la relación simbiótica entre ambas partes.
Conclusión
La Cosmogonía Maya, narrada en el épico Popol Vuh, nos presenta un universo donde la creación es un proceso deliberado, interactivo y finalmente exitoso de colaboración entre lo divino y lo humano. Es una visión donde la humanidad, hecha de la propia sustancia sagrada que la sustenta (el maíz), encuentra su propósito en reconocer, adorar y dialogar con sus creadores.
La limitación de nuestro conocimiento no es una maldición, sino una característica definidora que nos impele a una búsqueda continua de la sabiduría, reflejada en el propio esfuerzo meticuloso de los dioses para crearnos.
Esta visión de un cosmos estructurado por el tiempo, sustentado por el maíz y habitado por una humanidad consciente de su deuda con los dioses representa uno de los sistemas de pensamiento más sofisticados de las Américas.
Si te ha gustado esta aventura, también vale la pena explorar las vastas selvas tropicales de América del Sur, donde la Cosmogonía Tupi-Guaraní nos ofrece una narrativa profundamente diferente, centrada en la búsqueda de la Tierra Sin Mal (Yvy Marae’ỹ) y en la figura del gran héroe civilizador Nhanderuvuçú.
Aprovecha y lee, también, sobre visiones diferentes del origen del cosmos, como la Cosmogonía Cristiana y la Cosmogonía Zoroastriana. ¡Hasta pronto!
Que la luz del amor sea la guía en todos los caminos, en todo momento, en todas las situaciones, con todas las personas. ¡Y que el Amor nos lleve a la Paz!
Referencias bibliográficas
1. TEDLOCK, Dennis (Trad.). Popol Vuh: The Definitive Edition of The Mayan Book of The Dawn of Life and The Glories of Gods and Kings. Touchstone, 1996.
La traducción e interpretación académica más aclamada y accesible del Popol Vuh, con comentarios profundos que conectan el mito con la cultura maya.
2. COE, Michael D. The Maya. Thames & Hudson, 2011.
Obra de referencia clásica y actualizada sobre la civilización maya, que proporciona el contexto histórico, político y social esencial para entender su cosmovisión.
3. FREIDEL, David; SCHELE, Linda; PARKER, Joy. Maya Cosmos: Three Thousand Years on the Shaman’s Path. William Morrow, 1993.
Estudio innovador que explora la continuidad de la cosmología maya a lo largo de tres milenios, conectando el mito del Popol Vuh con el arte, la arquitectura y la práctica ritual.
4. CHRISTENSON, Allen J. Popol Vuh: The Sacred Book of the Maya. University of Oklahoma Press, 2007.
Otra traducción respetada, con una introducción detallada que sitúa el texto dentro de la tradición religiosa y literaria maya.

