La Cosmogonía Zoroastriana presenta una de las interpretaciones más impactantes sobre el origen del universo y del mal en la historia del pensamiento religioso.
A diferencia de otras narrativas antiguas, en las que la creación surge de fuerzas naturales o de conflictos entre divinidades, aquí el cosmos nace bajo el signo de una profunda tensión moral: la oposición entre el Bien y el Mal como principios espirituales conscientes.
Revelada al profeta Zaratustra (conocido en Occidente como Zoroastro), esta visión fundamenta el Zoroastrismo, religión de la antigua Persia que transformó radicalmente la comprensión del sufrimiento humano y del destino cósmico.
Según esta tradición, Ahura Mazda, el Señor Sabio, crea el mundo en un estado de perfección, pero la armonía es amenazada por Angra Mainyu, el Espíritu Destructor. La creación se convierte, entonces, en un campo de elección ética, en el que la humanidad desempeña un papel decisivo.
En este artículo, exploraremos cómo esta concepción influyó profundamente en el pensamiento religioso posterior y por qué continúa siendo esencial para comprender las grandes reflexiones sobre el origen y el sentido de la existencia.
El contexto zoroastriano: dualismo, ética y el profeta
Para comprender la Cosmogonía Zoroastriana, es esencial conocer a su profeta y sus pilares filosóficos únicos.
Zoroastro y la revelación
La figura histórica de Zoroastro (probablemente entre 1500–1000 a.C.) es central. Es el profeta a quien Ahura Mazda reveló la verdad (Asha) mediante visiones.
Su mensaje representó una reforma radical de las tradiciones politeístas indo-iranias, elevando a un dios supremo a la posición de creador único y bueno.
El dualismo ético-cósmico
El concepto más característico del Zoroastrismo es su dualismo. A diferencia de un dualismo material (espíritu versus materia), se trata de un dualismo ético y espiritual.
Por un lado, Ahura Mazda, que representa la Verdad, el Orden, la Luz y la Vida. Por otro, Angra Mainyu (también llamado Ahriman), que representa la Mentira (Druj), el Desorden, las Tinieblas y la Muerte.
Son fuerzas opuestas desde el inicio, pero Ahura Mazda es indiscutiblemente superior; el mal es un intruso, una corrupción, no un igual eterno.
La importancia de la elección humana
En este escenario de conflicto, los seres humanos, dotados de libre albedrío, son los jueces y los guerreros. Cada pensamiento, palabra y acción es un voto a favor de uno de los lados.
La ética, por lo tanto, no es solo una cuestión personal, sino una contribución activa a la victoria cósmica del bien.

La narrativa de la creación: el mundo como campo de batalla
La Cosmogonía Zoroastriana se narra principalmente en el texto sagrado Avesta y en obras posavésticas como el Bundahishn (“La Creación Original”).
El estado primordial: los espíritus gemelos
En el principio, existían solo Ahura Mazda, que habitaba en el Reino de la Luz Infinita, y Angra Mainyu, que habitaba en las Tinieblas Infinitas. Eran espíritus gemelos (Mainyu), uno benevolente y el otro maligno.
Ahura Mazda, en su omnisciencia, conocía la existencia de Angra Mainyu y, previendo el ataque, preparó la creación.
La creación en dos etapas: el mundo espiritual y el mundo material
Ahura Mazda creó el universo en dos estados:
- Menog (el estado espiritual): primero, concibió la creación en un estado puramente espiritual, perfecto e inmortal. Era una creación ideal, un modelo celestial;
- Getig (el estado material): para enfrentar y derrotar definitivamente a Angra Mainyu, Ahura Mazda materializó la creación, dándole forma física. Creó el cielo, el agua, la tierra, las plantas, los animales y, finalmente, el primer hombre (Gayomard) y el primer animal (el Toro Primordial).
La invasión de Angra Mainyu y la “caída” cósmica
Al contemplar la creación material perfecta, Angra Mainyu, movido por la envidia y la malicia, irrumpió en ella como una fuerza corruptora. No creó un universo paralelo; envenenó la creación buena de Ahura Mazda:
- Mató al Toro Primordial y a Gayomard, de cuyos cuerpos y semillas surgieron todas las especies animales y humanas, ahora sujetas a la muerte;
- Salinizó la tierra, volviendo parte de ella estéril;
- Creó plagas, enfermedades, pecados y toda forma de sufrimiento.
La creación material se convirtió así en el campo de batalla (Gumezishn) entre ambas fuerzas. El mundo no es intrínsecamente malo, pero es un mundo herido, un paraíso corrompido.
La creación de la humanidad como aliada cósmica
Los primeros humanos, descendientes de Gayomard, recibieron una misión única.
Dotados de libre albedrío (la capacidad de distinguir entre el bien y el mal) y de conciencia (Daena), fueron creados para ser aliados de Ahura Mazda en la lucha por derrotar a Angra Mainyu y restaurar el mundo a su perfección original.
Análisis y significado: un cosmos con propósito moral
La Cosmogonía Zoroastriana introdujo conceptos que redefinieron el pensamiento religioso.
El origen del mal como fuerza antagónica personal
A diferencia de las visiones mesopotámica y egipcia, donde el mal/caos era una fuerza impersonal de la naturaleza, en el Zoroastrismo el mal posee voluntad propia. Esto personaliza la lucha y da un rostro al adversario, un concepto que sería fundamental para el desarrollo de la figura de Satanás.
La teleología cósmica: la historia tiene un fin
Por primera vez de forma tan clara, la historia del universo posee un propósito lineal y un final definido. La creación no es cíclica, sino una narrativa con un inicio, un desarrollo (la batalla) y un desenlace (la victoria del bien). Esta es la base de la escatología (el estudio de los fines últimos).
El Frashokereti: la renovación final del mundo
El destino cósmico es el Frashokereti (“Renovación” o “Hacer Maravilloso”). No será el fin del mundo material, sino su restauración y transfiguración.
Al final de los tiempos, surgirá un salvador, el Saoshyant. Tendrá lugar un juicio final, en el que todos serán juzgados por sus actos. El propio Angra Mainyu será derrotado y reducido a la impotencia. Entonces, el mundo material será purificado por un río de metal fundido, volviéndose nuevamente perfecto, inmortal y libre del mal para siempre.
La creación Getig (material) se unirá con la Menog (espiritual) en un estado de perfección eterna.

El puente histórico: el Zoroastrismo y las tradiciones abrahámicas
La influencia del Zoroastrismo en el pensamiento occidental es, quizás, su legado más significativo.
Durante el exilio babilónico del pueblo judío (siglo VI a.C.), estuvieron bajo el dominio del Imperio Persa Aqueménida, que practicaba el Zoroastrismo. Este contacto prolongado e íntimo permitió un profundo intercambio teológico.
Muchos estudiosos señalan que fue en este período cuando conceptos zoroastrianos fueron adaptados e incorporados a la teología judía, que posteriormente los transmitió al Cristianismo y al Islam. Entre ellos:
- La figura de Satanás evolucionó de un “acusador” en la corte celestial (como en Job) a un adversario cósmico y personificación del mal, un claro paralelo con Angra Mainyu;
- La creencia en la resurrección de los muertos y en un juicio final individual;
- La visión de un mesías escatológico (el Saoshyant zoroastriano);
- La representación del cielo y del infierno como destinos posteriores a la muerte;
- La estructura de una historia lineal con un final escatológico (sobre el destino final del ser humano y del mundo), en contraste con visiones más cíclicas.
Conclusión
La Cosmogonía Zoroastriana nos presenta un universo estructurado moralmente, en el que la existencia humana adquiere peso y responsabilidad. El sufrimiento deja de ser solo un hecho natural y pasa a formar parte de un drama ético más amplio, en el que cada elección contribuye al destino del mundo.
Al introducir un dualismo claramente definido, una visión lineal del tiempo y la esperanza de una renovación final de la creación, el pensamiento de Zaratustra marcó profundamente la historia religiosa de la humanidad.
Más que explicar el origen del cosmos, esta tradición reformuló la comprensión del mal, la justicia y el propósito humano. Su influencia resuena de manera significativa en tradiciones posteriores, especialmente en la Cosmogonía Judía, cuya narrativa de la creación en el Génesis dialoga, directa o indirectamente, con el contexto cultural y religioso del período persa.
Comprender la Cosmogonía Zoroastriana, por lo tanto, también es ampliar la comprensión de las raíces conceptuales que moldearon una parte significativa del pensamiento religioso occidental.
¡Hasta la próxima!
Que la luz del amor sea la guía en todos los caminos, en todo momento, en todas las situaciones, con todas las personas. ¡Y que el Amor nos lleve a la Paz!
Referencias bibliográficas
1. BOYCE, Mary. A History of Zoroastrianism, Vol. I: The Early Period. E.J. Brill, 1975.
La obra de referencia más completa y detallada sobre el Zoroastrismo, escrita por la mayor autoridad en el tema.
2. ZAEHNER, R. C. The Dawn and Twilight of Zoroastrianism. Phoenix Press, 2002.
Un estudio amplio y accesible que recorre el desarrollo de la religión desde sus orígenes hasta su declive, con foco en su cosmología.
3. CORBIN, Henry. Cyclical Time and Ismaili Gnosis. Kegan Paul International, 1983.
Incluye análisis profundos de la Cosmogonía Zoroastriana y su influencia, con una lectura filosófica y esotérica de los conceptos de menog y getig.
4. THE BUNDAHISHN (A Criação Original). Trad. various editions.
Fuente primaria fundamental, un texto posavéstico que detalla la cosmogonía y cosmología zoroastrianas de forma sistemática.

