Cosmogonía Judía: la creación por la palabra en el Génesis

La Cosmogonía Judía marca un punto decisivo entre los mitos sobre el origen del universo. A diferencia de las narrativas antiguas que describen batallas entre dioses o fuerzas primordiales en conflicto, aquí la creación surge como un acto soberano, consciente y ordenado de un Dios único y trascendente.

No hay disputa cósmica ni nacimiento divino: hay Palabra. La realidad pasa a existir por el poder del Verbo creador.

En este artículo, exploraremos la narrativa del Libro del Génesis, el primer libro de la Biblia Hebrea (Tanaj). Veremos cómo esta cosmovisión introduce ideas transformadoras, como la creación a partir de la nada, la bondad esencial del mundo material y el ser humano como portador de la imagen divina, fundamentos que moldearon profundamente la tradición espiritual de Occidente.

El contexto del Génesis: monoteísmo y un nuevo orden cósmico

Para comprender la radicalidad de la Cosmogonía Judía, es esencial situarla en su contexto histórico y teológico.

El escenario mesopotámico y la revolución monoteísta

El pueblo de Israel surgió en un mundo dominado por las cosmogonías mesopotámicas, como el Enuma Elish. En ellas, el cosmos era un campo de batalla divino, la materia era preexistente y los humanos eran esclavos de los dioses.

La visión del Génesis es un claro contrapunto a este modelo. El Dios de Israel (YHWH) no lucha contra monstruos cósmicos. Los supera mediante la autoridad de Su Palabra.

El caos (tohu wa-bohu, “sin forma y vacío”) no es una divinidad antagonista, sino un estado pasivo sobre el cual el Espíritu de Dios se cierne, listo para ordenarlo.

Génesis como texto teológico y no científico

Es fundamental leer el Génesis en sus propios términos. No es un tratado de física o biología, sino una proclamación teológica sobre la naturaleza de Dios, del mundo y de la humanidad. Su preocupación central es el “por qué” y el “quién”, no el “cómo” en detalles mensurables.

La estructura de los dos relatos

El Génesis presenta, en realidad, dos narrativas de creación que se complementan:

  • Génesis 1:1 – 2:4a: el relato “sacerdotal”, majestuoso y estructurado, con la creación en seis días;
  • Génesis 2:4b – 2:25: un relato más antiguo y antropocéntrico, centrado en la creación del hombre y la mujer en el Jardín del Edén.

La narrativa de la creación: orden, palabra y el sábado

El primer capítulo del Génesis es una obra maestra de teología narrativa, donde la creación se despliega como un proceso ordenado e intencional.

El estado primordial y el primer acto

El texto comienza de forma solemne: “En el principio, Dios creó los cielos y la tierra.” (Génesis 1:1)

La tierra estaba “sin forma y vacía” (tohu wa-bohu), y las tinieblas cubrían el abismo. El Espíritu de Dios se movía sobre las aguas. A diferencia del Nun egipcio o de Tiamat babilónica, estas aguas no son divinas; son parte de una creación inerte y amorfa.

Entonces comienza el acto creativo propiamente dicho, guiado por la Palabra divina:

  • Día 1: “Hágase la luz”: Dios habla y la luz surge. Luego separa la luz de las tinieblas, llamándolas “Día” y “Noche”. El acto de nombrar es un acto de soberanía, de dominio sobre lo creado.

La estructuración del cosmos: separación y llenado

Los días siguientes siguen un patrón de separación y, posteriormente, de llenado:

  • Día 2: Dios crea el “firmamento” (raqia), separando las “aguas de arriba” de las “aguas de abajo”. Al firmamento lo llama “Cielo”;
  • Día 3: Dios reúne las aguas bajo el cielo en un solo lugar, haciendo aparecer la parte seca, la “Tierra”. Inmediatamente, la llena ordenando que produzca vegetación;
  • Día 4: Dios llena el dominio separado en el Día 1 (Luz/Tinieblas) con los astros: el Sol, la Luna y las estrellas, para gobernar el día y la noche y marcar los tiempos;
  • Día 5: Dios llena el dominio separado en el Día 2 (Aguas y Cielo) con criaturas acuáticas y aves, bendiciéndolas para que sean fecundas y se multipliquen;
  • Día 6: Dios llena el dominio separado en el Día 3 (Tierra) con animales terrestres. Luego realiza el punto culminante de la creación.

El punto culminante de la creación: la imagen y semejanza de Dios

Dios declara: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.” (Génesis 1:26)

Esta es una afirmación sin paralelo en el mundo antiguo.

  • La imagen de Dios (Imago Dei): el ser humano (hebreo adam, “humanidad”) no es un siervo accidental, sino una criatura que refleja, de manera única, al propio Creador. Esto confiere una dignidad inalienable a cada persona. Tradicionalmente, esta “imagen” se entiende como la capacidad de relación, moralidad, creatividad y dominio responsable;
  • El mandato de la creación: la humanidad recibe la misión de gobernar toda la creación, no como explotación, sino como administración y cuidado;
  • La creación de la mujer (Génesis 2): en el segundo relato, la creación de la mujer (ishah) a partir de la costilla del hombre (ish) es profundamente significativa. No es creada de un elemento inferior, sino de su propia esencia, destacando la igualdad de valor y la complementariedad en la relación más fundamental: “los dos serán una sola carne”.

La consumación: el séptimo día

En el séptimo día, Dios concluyó Su obra y descansó. Este “descanso” no es por cansancio, sino una cesación creativa, una declaración de que la obra estaba completa, perfecta y muy buena.

El sábado (Shabat) se convierte así en parte integral de la estructura misma de la creación, una invitación eterna para que la humanidad participe del descanso y la plenitud de Dios.

Análisis y significado: los pilares de una nueva visión del mundo

La Cosmogonía del Génesis introdujo pilares conceptuales que moldearían el pensamiento occidental:

  • Creación Ex Nihilo (de la nada): aunque la doctrina fue desarrollada posteriormente, el Génesis establece su base: Dios es la causa única y no condicionada de todo lo que existe. La materia no es eterna; es una creación buena, pero no divina. Esto desacraliza la naturaleza, permitiendo su investigación científica;
  • La bondad de la creación: después de cada acto creativo, Dios ve que “era bueno”. Al final, ve que era “muy bueno”. Esto es radical: el mundo material, el cuerpo humano, la sexualidad — todo es intrínsecamente bueno. Esto se opone a visiones dualistas que veían el mundo físico como una prisión o una ilusión maligna;
  • La caída y la ruptura de la armonía: el capítulo 3 del Génesis, la narrativa de la “Caída”, es fundamental para la cosmovisión judía (y posteriormente cristiana). La desobediencia humana introduce el pecado, el sufrimiento y la muerte en el mundo, rompiendo la armonía original entre Dios, la humanidad y la creación. La historia bíblica posterior es, en gran medida, la narrativa de la restauración de esta relación rota.

Contraste con las cosmogonías vecinas

  • Cosmogonía Babilónica: en lugar de Marduk contra Tiamat (orden mediante la violencia), tenemos Dios contra la Nada (orden mediante la Palabra);
  • Cosmogonía Egipcia: en lugar de Atum autocreado a partir de las aguas, tenemos un Dios trascendente que crea y ordena las aguas;
  • Cosmogonía Griega: en lugar de un Cosmos nacido del Caos por conflicto, tenemos un Caos (desorden) transformado en Cosmos (orden) por un acto de voluntad amorosa.

Conclusión

La Cosmogonía Judía, centrada en el Génesis, representó una revolución en el pensamiento sobre los orígenes.

Al presentar un Dios único, trascendente y bueno, que crea un mundo bueno a través de Su Palabra soberana y que confiere una dignidad única a la humanidad, sentó las bases no solo para una religión, sino para una nueva forma de relacionarse con la realidad.

La creación no es un escenario de guerras divinas, sino un don estructurado, un cosmos ordenado cuya historia está intrínsecamente ligada a las decisiones humanas, portadoras de Su imagen.

Esta comprensión de un comienzo absoluto y de una humanidad investida de responsabilidad espiritual influiría profundamente en tradiciones posteriores. Entre ellas destaca la cosmovisión cristiana, que reinterpretará el acto creador a la luz de la figura de Jesús de Nazaret.

¿Qué tal ampliar esta reflexión? Aprovecha para conocer también la Cosmogonía Cristiana y sus implicaciones teológicas.

Que la luz del amor sea la guía en todos los caminos, en todo momento, en todas las situaciones, con todas las personas. ¡Y que el Amor nos lleve a la Paz!


Referencias bibliográficas

1. ALTER, Robert. The Five Books of Moses: A Translation with Commentary. W. W. Norton & Company, 2004.

Traducción aclamada que captura los ritmos y matices del hebreo bíblico, con comentarios literarios y teológicos profundos sobre el Génesis.

2. KASS, Leon R. The Beginning of Wisdom: Reading Genesis. University of Chicago Press, 2006.

Una lectura filosófica y erudita del Génesis, que explora sus profundas reflexiones sobre la condición humana, la ética y el significado de la vida.

3. WALTON, John H. The Lost World of Genesis One: Ancient Cosmology and the Origins Debate. IVP Academic, 2009.

Ofrece una perspectiva crucial, argumentando que Génesis 1 describe la función y el orden cósmico de un “templo” cósmico, y no el origen material del universo, situándolo firmemente en su contexto del Antiguo Oriente Próximo.

4. SACKS, Jonathan. Genesis: The Book of Beginnings (Covenant & Conversation). Maggid Books, 2009.

Serie de ensayos accesibles y profundos del Gran Rabino de Inglaterra, que ofrecen perspectivas de la tradición rabínica sobre las narrativas de la creación.

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